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Lo que una niña pensaba…

En los primeros días del verano del año 1982, era un sábado, tenía que haberme ido con mis padres a la calle, pero todos tenemos días torcidos y a mí me tocó ese día.
Mi madre nos había hecho a mi hermana y a mí una prenda de tirantes a ganchillo, por aquella época se llevaban mucho. Yo me encontraba en esa edad que eres una niña pero tu cuerpo dice que ya no lo eres, estas rebelde, los complejos afloran, no soportaba tener pecho, no quería tenerlo y aquella prenda marcaba lo que no tenía que marcar.
Tras una discusión tonta, el no ponerme la dichosa prenda, me costó tener que quedarme en casa con mis hermanos, como me puse muy cazurra si no me ponía el suéter de ganchillo no salía, pues me quedé en casa con un cabreo monumental y este escrito nació.
Lo transcribo tal y como lo escribí con apenas doce años visto desde hoy mal redactado y con algunos errores garrafales como la edad del elefante:

VIDA E HOMBRE
La vida es un miserable agujero que cuando te envuelves dentro de él, es muy difícil encontrar la salida. A nadie oiremos decir que la vida es lo más maravilloso del mundo, porque si lo decimos pensando, la vida únicamente está llena de dolor y sufrimiento.
Ahí está la clave de que el hombre, siendo el más inteligente de los animales que existen en la tierra, su duración llegue a penas a los 80 años mal olientes, mientras el elefante, un animal bruto, sin razonamiento, viva feliz, sin ningún problema, ni se tiene que vestir, calzar, etc… No sabe lo que es morir hasta que llega la hora. Mientras los hombres vivimos atormentados por saber que algún día no lloraremos, ni reiremos, nos parece un pensamiento que no puede ser verdad pero algún día llegará la hora.
Parece mentira que las personas mayores, hayan sido niños alguna vez en la remota lejanía.
El mundo seguirá ruin, las gentes cambiaran, mientras la vida de un animal salvaje (elefante), haya de equivaler a tres generaciones de hombres.
El hombre no es incansable por mucho que se quiera hacer fuerte, por mucho que no quiera reconocerlo.
Tal vez algún día el hombre deje de ser orgulloso y el mundo se deje de complicaciones y podamos vivir felices, es decir, que se deje de complicar con los experimentos, porque la madre naturaleza enseña más que un miserable libro de química, tampoco tendrá que haber notas, sean buenas o malas. Porque Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, pero quiere, es decir, su único fin es el enseñar al hombre la bondad de la vida, no el orgullo y la sabiduría, porque la persona más tonta y más vaga del mundo, puede ser la única persona que tenga limpio su corazón y sea buena.
Y el más ruin de los hombres, será el sabio y culto que sólo para él existen los libros nada más. Sólo tiene a su orgullo que no puede ser dañado, porque si no se cree que no sirve para nada pero si deja el orgullo a un lado, será entonces cuando se comporte como un ser humano y no como una imitación de máquina.
Mis palabras no servirán para nada, por lo tanto el mundo seguirá siguiendo su camino de destrucción por no intentar nada a lo largo de una vida de preocupaciones, si nos ayudásemos, en nuestro interior todo cambiaría.

Buscando en el baúl de los recuerdos

Nuestros objetos personales al cabo de años pueden contarnos muchas cosas acerca de nosotros, algunas de ellas totalmente olvidadas en algún rincón de nuestro cerebro.

Esta mañana quería encontrar escritos antiguos en mis cajones y para mi sorpresa en el camino han aparecido “historias” que me han dejado boquiabierta.

Cada papel encontrado ha sido único y me ha hecho sentir una nostalgia sin igual,  algunos han conseguido que esbozara una sonrisa, como las fotos de cumpleaños, de bodas de amigos, de escapadas o los papeles testigos de momentos importantes.  Otros me han inundado de tristeza,  fotos de personas que ya no están, diarios comenzados y no terminados, escritos de mi más tierna niñez, bolígrafos que al palparlos reconocía en qué momento habían llegado a mí.

Pero lo que más me ha llegado ha sido mi primer diario, la inocencia de una niña de 12 años que pretende contar su historia, madura para su edad y que cree tenerlo todo muy claro, según leía sus escasos reglones, las lagrimas han brotado en mi rostro hasta no poder contener el llanto… He apretado fuertemente el diario entre mis manos cerrándolo con  mimo y acurrucándolo contra mi pecho.

Han sido unos instantes muy emotivos, lo leído me ha roto el alma, “…Cada libro que terminase se lo daría a mis padres para que lo cuidaran…”  y aunque ya no tengo 12 años, me he reconocido como la persona que soy, dándome cuenta que cuando eres un niño tu personalidad queda forjada.

Jamás pude ni podré  escribir un diario de forma continua,  tengo miedo a que las palabras escritas puedan ser mal interpretadas por quienes quiero al ser leídas. Sin embargo, aquí estoy escribiendo reflexiones………

Esta pequeña intromisión en mi pasado a través de mi baúl de los recuerdos me ha hecho darme cuenta que mi esencia se encontraba entre esos objetos que me han trasladado a episodios ya vividos.

Con el avance de la tecnología actual, muchas de las cosas encontradas es posible que dentro de 20 años cuando rebusque, me hagan sentir vacío y no el calor experimentado hoy.  Los avances técnicos nos dan bienestar y nos ayudan en nuestras tareas cotidianas pero se pierde parte de nuestra esencia.

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