Las dos caras de una misma moneda

Las dos caras de una misma moneda

Las dos caras de una misma moneda, todos pasamos por ambas, nuestro principio podría ser “la cara” y nuestro final “la cruz”. Cuando nacemos lo tenemos todo, nacemos vestidos. Según pasan los años nos vamos desnudando, perdiendo las prendas que teníamos al inicio.

Al principio todo resulta novedoso, absorbes como una empoja, durante años será así, luego nos estabilizamos y empleamos en nuestra vida todo lo aprendido. Pronto llegan los desajustes, la vista cansada, la falta de memoria, la apatía, los cambios de gusto.

El paso de una cara de la moneda a la otra se nos hace doloroso porque, aunque vamos perdiendo nuestras facultades, nos damos cuenta de cómo éramos y en lo que nos estamos convirtiendo.
Este proceso ocasiona cambios bruscos de humor, desagrado con tu entorno, sin olvidar el desgaste físico que nos lo recuerda la artritis, la artrosis, la arteriosclerosis, el glaucoma o mil enfermedades más que podríamos citar. Las medicinas nos ayudan a llevar nuestro día a día pero en realidad muchas veces nos estropean lo que nos quedaba bien.

Llevado a las generaciones podríamos decir que los nietos son la cara de la moneda y la cruz los abuelos. El vínculo entre estas dos generaciones es muy importante. Los nietos se nutren de sus abuelos y éstos se vuelven más vitales gracias a ellos. Siempre he pensado que quien llega a la edad adulta con alguno de sus abuelos tiene un tesoro de un valor incalculable.

Por desgracia, el espacio de tiempo compartido entre unos y otros suele ser corto, viendo en los ojos de los niños el futuro y en los de los abuelos tristeza profunda al mirar a sus nietos y anhelar tener momentos futuros con ellos que les resultan inciertos y probablemente alguno de ellos no vivirán para verlo.

La vida es muy injusta, hablamos de felicidad, sin embargo, existe la antítesis de la misma. La crueldad de la vida en sí, el ver como nuestra máquina se estropea y nuestro tiempo se nos escapa sin poder hacer absolutamente nada por frenarlo.

Cada uno de nosotros nacemos solos, y de igual modo, moriremos solos. Una vez escuché una frase que se me quedó grabada:

“el ser humano está en continuo aprendizaje y lo último que aprende es a morir”.

Dicen que mal de muchos consuelo de tontos, y por ello, cada uno de nosotros vivimos nuestras vidas sin hacernos demasiadas preguntas o mejor sin querer encontrar las respuestas. Esto hace que camuflemos en ocasiones nuestra realidad, refugiándonos en la felicidad conformista.

Susana Maroto Robledo

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