Personajes

Las causas de la felicidad según Carl Gustav Jung

Para Carl Jung, un hombre que buscó hacer del estudio del alma una ciencia, buscar la felicidad no tiene mucho sentido. Según sus propias palabras: “Entre más se busca deliberadamente la felicidad, más probabilidades hay de no encontrarla”.

Probablemente sea recomendable que esta búsqueda se haga de manera tranquila sin tener que hipotecar nada a cambio y para ello hay que tener en cuenta sus cinco causas:

1. Buena salud física y mental.

2. Buenas relaciones personales y de intimidad, tales como las de la pareja, la familia y las amistades.

3. La facultad para percibir la belleza en el arte y en la naturaleza.

4. Razonables estándares de vida y trabajo satisfactorio.

5. Una visión filosófica o religiosa que permita lidiar de manera satisfactoria con las vicisitudes de la vida.

 

Carl Gustav Jung fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

Seis claves para ser feliz

Bajo el lema de Tal Ben Shahar “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. Aceptando la vida tal y como es “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Sus seis consejos principales:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. “Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista”.

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro segregue endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”.

5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. “A largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”.

La meditación es un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. “Nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”.

El amor romántico

Helen Fisher, antropóloga y bióloga canadiense, lleva 30 años estudiando el amor romántico desde un punto de vista científico, y es la autora más referenciada sobre el tema en la comunidad investigadora. Fisher ha centrado sus estudios en entender qué ocurre cuando dos personas se enamoran y cómo factores como el sexo, la lujuria o el matrimonio pueden alterar el proceso.

La científica ha llegado a la conclusión de que el amor romántico tiene que ver con un comportamiento obsesivo, pero que tiene un sentido natural, el de unir fuertemente a dos personas en el proyecto común de criar a un hijo.

El amor, asegura, se constituye gracias a tres impulsos cerebrales. El primero es el sexual (a corto plazo), el segundo es el ya citado amor romántico (a medio plazo) y el tercero es el apego (a largo plazo). Los tres impulsos están relacionados, pero no siempre están unidos. Es por eso que somos tan infieles: cuando desaparece el amor romántico y aparece el apego estamos abiertos a nuevos impulsos sexuales, y no es tan sencillo aplacar estos.

La neuroplasticidad

El psiquiatra canadiense Norman Doidge es uno de los mayores divulgadores de la neurología. A lo largo de su carrera ha publicado más de 170 artículos científicos, pero es más conocido por libros para el público general como The Brain That Changes Itself (Viking) o The Brain´s Way Of Healing (Penguin), donde aborda uno de los campos más importantes del estudio del cerebro en la actualidad: la neuroplasticidad.

Norman-Doidge

Como explica Doidge, el cerebro tiene la capacidad de repararse a sí mismo y cambiar las conexiones neuronales que procesan la información. Esto es importantísimo para todas aquellas personas que han sufrido algún tipo de ictus o problema neurológico, que podrían recuperar parte de su capacidad cognitiva con determinados ejercicios, pero también para cualquiera que quiera mejorar su bienestar. La activación frecuente de determinadas zonas del cerebro contribuye al desarrollo de nuevas conexiones sinápticas y estructuras mentales que en un futuro facilitarán la absorción de las experiencias positivas.

Y, sí, podemos entrenar a nuestro cerebro para ser felices.

Psicología positiva

Sonja Lyubomirsky, autora de La ciencia de la felicidad y Los mitos de la felicidad (Urano) es una de las más importantes figuras de la psicología positiva. En su opinión, el 60% de nuestra felicidad viene dada por la genética y el ambiente, pero hay un 40% que podemos controlar, y de esta parcela depende en gran medida nuestro bienestar.

La principal idea que transmite Lyubomirsky es que merece la pena esforzarse por ser feliz, pues todos podemos manipular nuestro nivel de bienestar. En realidad este no depende de conseguir los objetivos que nos hemos propuesto y de mantenernos al margen de los grandes problemas, sino que podemos afrontar épocas complicadas de nuestra vida y, sin embargo, ser felices, pero también tener todo lo que habíamos deseado y sentirnos profundamente desgraciados.

La clave, asegura la autora, no reside en evitar el dolor, sino en saber afrontarlo.

Teoría del Proceso Dual

El psicólogo estadounidense Scott Larry Kaufman, director del Instituto de la Imaginación de la Universidad en Pensilvania, es famoso por su estudio de la inteligencia y la creatividad y, en particular, por su intento de redefinir la forma en que entendemos estas.

La mayor aportación de Kaufman es su teoría del proceso dual, que trata de explicar cómo funciona en realidad nuestra inteligencia. Según el psicólogo, la pasión, la persistencia y la capacidad de perseguir metas personales son tan importantes para valorar la inteligencia de una persona como la lógica o el razonamiento. Además, existen ciertas formas espontáneas de pensamiento, como la perspicacia, la imaginación o el aprendizaje implícito que pueden elevar enormemente la inteligencia real de una persona.

Scott-Barry-Kaufman

“Las habilidades de cada persona no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, y siempre podemos mejorarlas”

La parte más importante de su teoría, y la que puede servirnos en nuestro día a día, es la idea de que las habilidades que tenemos no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, a medida que pensamos de forma controlada o espontánea. Es por ello que todos podemos trabajar para ser más inteligentes.

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