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Cada etapa tiene su felicidad

Lo que hoy te hace feliz, ayer no te lo hacía o mañana no te lo hará o sí. Nuestro cuerpo pasa por diferentes etapas durante nuestra vida, es un ciclo biológico que nadie lo puede parar, primero somos recién nacidos, luego niños, pasamos a ser jóvenes, adultos, ancianos. Nuestra apariencia física va cambiando y al mirarnos en el espejo unas veces somos más felices que otras.

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No sólo cambia nuestro cuerpo, nuestra mente se halla en continuo cambio y aprendizaje, lo que hace que nuestra felicidad vaya acorde con nuestra psique. En la infancia se es muy feliz con muy poco, las sonrisas en los niños son espontaneas y naturales, ver a un niño triste te rompe el corazón. Una simple caricia, un paseo de la mano de sus seres queridos, un caramelo, una mirada, cualquier pequeño detalle se capta en la niñez como si fuera lo más grande.

Cuando vamos creciendo perdemos la inocencia, la naturalidad, la sonrisa no forzada y comenzamos a ver miedos, a pensar en el que dirán, a querer ser lo que no somos. Entramos en un bucle que nos condiciona para el resto de nuestra vida, impidiendo mostrarnos tal como somos y gritar a los cuatro vientos si estamos alegres, enfadados, tristes. Las lágrimas también son el reflejo de la felicidad, llorar nos ayuda a sentirnos bien con nosotros mismos.

En plena juventud, todo se nos queda pequeño, necesitamos más y más, la felicidad radica en tener todo aquello que nos propongamos, los amigos toman un papel fundamental y muchos de los que se hacen se quedan para toda tu vida, recorres infinitos caminos en esta etapa y en todos ellos siempre hay rayos de plenitud. Las carcajadas están presentes casi todos los días, todo va de fabula, tienes toda la vida por delante. También se sufren los primeros golpes de la vida, perdidas de seres queridos, fracasos personales en los estudios o en algún proyecto laboral. Pero todo se supera porque eres joven y tienes una energía sin igual.

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En la edad madura, viene el sosiego, la sonrisa calmada, la mirada de la experiencia, los recuerdos se asientan en nosotros, nos sentimos jóvenes aún pero tenemos unos cuantos años a nuestras espaldas y miramos el presente con otros ojos. Si en la juventud todo era “el futuro”, ahora es “el presente” cada día queremos que dure 48 horas. Ansiamos el poco tiempo libre que tenemos porque aún estamos en la edad laboral y cada momento nuestro, lo queremos disfrutar a tope, cada cual como lo prefiera, pero todos tenemos en común que queremos ser felices, pasar de lo malo y no preocuparnos en exceso de lo que vendrá que sabemos que llegará.

Llegamos a la temida tercera edad o cuarta edad o quinta edad, da igual el nombre que le demos, ha llegado, esta ahí, no nos hemos dado cuenta pero nuestro ciclo vital está llegando a su fin. La forma en la que cada cual vive esta etapa depende del enriquecimiento de todas las anteriores, si has aprendido a sonreír, a ser feliz, a ser entusiasta, vital. Seguro que cuando alcances 90 años o más, no te creerás ni la edad que tienes, dará igual el cuerpo que tengas por muy arrugado que este, lo importante estará en tu mente, en tu manera de ser, en tu forma de transmitir y será reconfortante ver cómo puedes ayudar a los más jóvenes con tu ejemplo y tú presencia.

Estoy convencida que la condena del ser humano es saber desde que nace que algún día morirá pero no es motivo de tristeza porque tenemos toda una vida para ser felices.

Imagen portada de Vivian Maier

La felicidad camina a nuestro lado

Le bonheur, the happiness, glück, la felicidad… da igual el idioma que se emplee para nombrar a la felicidad, es un ente universal perseguido por cualquier ser humano del planeta tierra. Todos queremos ser felices, lo ansiamos, lo necesitamos, lo perseguimos durante toda nuestra existencia. El grado de felicidad depende de las pretensiones, de las necesidades, de las inquietudes de cada persona. Para algunas es muy sencillo alcanzarla y ser felices toda su vida, para otras no están sencillo y les lleva toda su vida intentar lograrla, existen personas que jamás lograrán alcanzar la felicidad.

A través de nuestra imaginación, de nuestros sueños, de la lectura de los libros podemos alcanzar la felicidad o al menos conocerla… viajar es un modo muy sano de lograr ser felices, pero no todos podemos permitirnos ciertos lujos y visitar lugares asombrosos o acudir al cine, el teatro, la opera, la danza o ir a un estadio de fútbol.

Siempre buscamos más allá de nuestro entorno para alcanzar la felicidad, sin darnos cuenta, que la verdadera felicidad nos acompaña siempre a cada uno de nosotros.

Se encuentra oculta en pequeñas dosis alrededor nuestro, sólo para alcanzarla sería necesario sentirla, escucharnos a nosotros mismos, valorar todo lo que tenemos, darnos cuenta de que todos somos ricos, que nuestra riqueza es nuestra propia existencia y el estar rodeados de personas que nos quieren, nuestra familia, nuestros amigos, personas que pasan por nuestra vida de modo silencioso y que mientras nosotros no las recordamos ellas sí nos recuerdan… quien no tiene en su memoria un profesor del colegio, una persona que le dio un consejo, una persona que le hizo sonreír, personas anónimas que nos ayudan a ser felices………….

Los giros de 360 grados se producen en nuestras vidas en un abrir y cerrar de ojos, produciéndose situaciones dolorosas que nos alejan de la felicidad pero que no podemos eludir ni evitar, todos pasamos por ellas, de un modo u otro a lo largo de nuestra vida. Lo triste no es ser feliz en esos momentos, lo peor es no valorar lo que se tiene hasta que se pierde, sería bueno que todos los días nos dedicáramos a nosotros mismos cinco minutos para valorarnos y dar las gracias por todo lo que tenemos.

 

*imagen Vivian Maier

Los diez lugares más felices del mundo según LonelyPlanet.es

Lonely Planet publica las mejores guías para el viajero independiente, famosas por su fiabilidad y rigurosa información, sus mapas, fotografías y sus referencias históricas y culturales. Además, las guías se actualizan periódicamente, en la mayoría de los casos cada dos años.

Lonely_Planet

Buenos conocedores del mundo, para ellos estos son los lugares más felices del mundo.

1. BUTÁN

Sus monasterios cuelgan de los acantilados, en los hogares hay pintados unos enormes penes, los calcetines de rombos son parte del traje tradicional y no existen los semáforos, ¿hay algo que no sea atrayente?

2. HAPPY, TEXAS, EE UU

Bienvenidos a la autoproclamada “población sin indignación”. Happy (escenario de la película Salvajemente tiernos de 1999), es un diminuto pueblo del estado de la estrella solitaria. En sus alrededores se puede pasear o montar a caballo entre los hoodoos de roca rojiza del cañón Palo Durover bisontes e impresionantes puestas de sol en el menos famoso cañón Caprock o gastar los dólares del Salvaje Oeste en la subasta de ganado de Amarillo, una estampa al puro estilo americano.

3. VANUATU

La imagen de una vida dichosa para muchos es una hamaca colgada entre palmeras mientras el mar acaricia una playa de arena blanca, así que no es extraño que la república de Vanuatu sea “el lugar feliz” por excelencia. Sus aguas azules y llenas de vida, y su exuberante interior con ruido de volcanes y árboles del pan son fantásticos para explorar. Pero es el sentido comunitario de este lugar lo que lo hace auténticamente feliz. Las familias numerosas se congregan a menudo para festejar antiguas celebraciones; en Vanuatu, siempre hay fiestas en alguna parte.

4. MONTREAL, QUEBEC, CANADÁ

Limpio, acogedor y refrescantemente multicultural, Montreal es feliz todo el año, aunque si se visita en julio resulta hilarante. El festival Just For Laughs se apodera de la ciudad en verano y abarrota los locales con el mejor humor en inglés y francés. Es una de las reuniones de cómicos más importante del planeta y acoge a destacados humoristas. Las entradas para las actuaciones se agotan rápido y el éxito está garantizado hasta en los números menos conocidos. Con todo, si no se consiguen entradas uno se ríe igual, ya que en el Barrio Latino hay actuaciones callejeras todas las noches, desfiles de marionetas y fuegos artificiales.

5. COLOMBIA

Ya sea su café o el ambiente del Carnaval, Colombia vibra con alegría latina a todas horas, desde su costa caribeña a las callejuelas de Bogotá. A pesar de que haya a quien le resulte extraño que un país que sufre las guerrillas y el tráfico de drogas aparezca en esta lista, los que lo han visitado últimamente informan de mejoras en la seguridad y una irreprimible y contagiosa energía. Para vivir este vocinglero país en toda su pasión hay que asistir a un partido de fútbol (la obsesión nacional), a un concierto de cumbias o a uno de sus innumerables festivales religiosos.

6. WUYI SHAN, CHINA

Con su cautivador nombre, Tian Xing Yong Le (Templo Siempre Feliz) está perpetuamente animado. Este templo de la provincia de Fujian, en el agreste norte chino, está ubicado en un reino de valles secretos salpicados de cascadas y horadados con misteriosas cuevas. Para llegar a la de la Cortina de Agua y al pico del Viaje Celestial hay que subir escaleras talladas en la roca, rodear plantaciones de té y arboledas de bambú. También se puede pasear en sencillas balsas con sillas de junco por el río de las Nueve Curvas y observar los nichos de 4000 años de antigüedad excavados en las paredes de los acantilados.

7. ANDORRA

Si la buena salud es un indicador de la felicidad, los habitantes de este pequeño principado entre España y Francia
deben de tener la más amplia de las sonrisas, ya que disfrutan de la mayor esperanza de vida del mundo: 83,5 años. Tiene que ser por el aire de los Pirineos y las actividades al aire libre: esquí en invierno y paseos y bicicleta en verano. Su serenidad también proviene de la paz del país, que no ha padecido una guerra en los últimos 700 años. Por último, está la comida: se puede visitar una de las tradicionales bordas y degustar un plato de setas, trucha de río o jabalí, y sentir cómo nos rejuvenecen los productos naturales.

8. MALAUI

Si lo que se busca son sonrisas amplias y francas, hay que ir a Malaui, el país apodado “el cálido corazón de África”. Sus habitantes son famosos por la efusiva bienvenida que ofrecen a los viajeros, a pesar de ser un país pobre. En los mercados de tallas de madera de la capital Lilongüe, en las arenosas costas del lago Malaui y en el monte donde pastan los elefantes del Parque Nacional de Liwonde, las sonrisas se encuentran a cada paso. Para volver recíproca esa alegría se recomienda apuntarse en un voluntariado y aportar un granito de arena para ayudar a los lugareños (el 85% de la población vive en asentamientos tradicionales).

9. HIDAKAGWA, WAKAYAMA, JAPÓN

Cuando la diosa Niutsuhime no mikoto se quedó dormida y no acudió a la reunión de los kami (espíritus japoneses), los ocho millones de deidades restantes se rieron de ella. Fue el nacimiento de una tradición: todos los años, los habitantes de Hidakagwa, presididos por un payaso, salen a la calle con carrozas decoradas. Tañen campanas y gritan “¡Warau! ¡Warau!” (¡reíd!, ¡reíd!) a los espectadores. Todo el mundo sonríe y un buen humor contagioso, que no depende del vino de arroz que se consume en abundancia, acompaña todo el camino hasta llegar al santuario de Niu. 

10. DINAMARCA

Es oficial: Dinamarca es el país más feliz del mundo, a la cabeza de los estudios sobre la felicidad. El por qué resulta fácil: el nivel de vida es muy alto, el transporte llega a su hora, todo el mundo tiene casa en la playa (abundan las de arena), los carriles-bici atraviesan ciudades, bosques y valles, y los restaurantes sirven la mejor comida del norte de Europa. Pueden visitarse los cafés de la capital, Copenhague, ir en piragua por los fiordos del norte de Jutlandia, andar a través de las 11 rutas ciclistas nacionales y descubrir por qué sonríen.

El amor romántico

Helen Fisher, antropóloga y bióloga canadiense, lleva 30 años estudiando el amor romántico desde un punto de vista científico, y es la autora más referenciada sobre el tema en la comunidad investigadora. Fisher ha centrado sus estudios en entender qué ocurre cuando dos personas se enamoran y cómo factores como el sexo, la lujuria o el matrimonio pueden alterar el proceso.

La científica ha llegado a la conclusión de que el amor romántico tiene que ver con un comportamiento obsesivo, pero que tiene un sentido natural, el de unir fuertemente a dos personas en el proyecto común de criar a un hijo.

El amor, asegura, se constituye gracias a tres impulsos cerebrales. El primero es el sexual (a corto plazo), el segundo es el ya citado amor romántico (a medio plazo) y el tercero es el apego (a largo plazo). Los tres impulsos están relacionados, pero no siempre están unidos. Es por eso que somos tan infieles: cuando desaparece el amor romántico y aparece el apego estamos abiertos a nuevos impulsos sexuales, y no es tan sencillo aplacar estos.

La neuroplasticidad

El psiquiatra canadiense Norman Doidge es uno de los mayores divulgadores de la neurología. A lo largo de su carrera ha publicado más de 170 artículos científicos, pero es más conocido por libros para el público general como The Brain That Changes Itself (Viking) o The Brain´s Way Of Healing (Penguin), donde aborda uno de los campos más importantes del estudio del cerebro en la actualidad: la neuroplasticidad.

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Como explica Doidge, el cerebro tiene la capacidad de repararse a sí mismo y cambiar las conexiones neuronales que procesan la información. Esto es importantísimo para todas aquellas personas que han sufrido algún tipo de ictus o problema neurológico, que podrían recuperar parte de su capacidad cognitiva con determinados ejercicios, pero también para cualquiera que quiera mejorar su bienestar. La activación frecuente de determinadas zonas del cerebro contribuye al desarrollo de nuevas conexiones sinápticas y estructuras mentales que en un futuro facilitarán la absorción de las experiencias positivas.

Y, sí, podemos entrenar a nuestro cerebro para ser felices.

Psicología positiva

Sonja Lyubomirsky, autora de La ciencia de la felicidad y Los mitos de la felicidad (Urano) es una de las más importantes figuras de la psicología positiva. En su opinión, el 60% de nuestra felicidad viene dada por la genética y el ambiente, pero hay un 40% que podemos controlar, y de esta parcela depende en gran medida nuestro bienestar.

La principal idea que transmite Lyubomirsky es que merece la pena esforzarse por ser feliz, pues todos podemos manipular nuestro nivel de bienestar. En realidad este no depende de conseguir los objetivos que nos hemos propuesto y de mantenernos al margen de los grandes problemas, sino que podemos afrontar épocas complicadas de nuestra vida y, sin embargo, ser felices, pero también tener todo lo que habíamos deseado y sentirnos profundamente desgraciados.

La clave, asegura la autora, no reside en evitar el dolor, sino en saber afrontarlo.

Teoría del Proceso Dual

El psicólogo estadounidense Scott Larry Kaufman, director del Instituto de la Imaginación de la Universidad en Pensilvania, es famoso por su estudio de la inteligencia y la creatividad y, en particular, por su intento de redefinir la forma en que entendemos estas.

La mayor aportación de Kaufman es su teoría del proceso dual, que trata de explicar cómo funciona en realidad nuestra inteligencia. Según el psicólogo, la pasión, la persistencia y la capacidad de perseguir metas personales son tan importantes para valorar la inteligencia de una persona como la lógica o el razonamiento. Además, existen ciertas formas espontáneas de pensamiento, como la perspicacia, la imaginación o el aprendizaje implícito que pueden elevar enormemente la inteligencia real de una persona.

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“Las habilidades de cada persona no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, y siempre podemos mejorarlas”

La parte más importante de su teoría, y la que puede servirnos en nuestro día a día, es la idea de que las habilidades que tenemos no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, a medida que pensamos de forma controlada o espontánea. Es por ello que todos podemos trabajar para ser más inteligentes.

No esperes nunca el momento perfecto porque no existe

¿Te aburre lo que haces? ¿Tienes la sensación de haber entrado en un bucle? Entonces está claro que necesitas salir de tu zona de confort y coger las riendas de tu vida. Tener miedo es normal, la clave está en saber controlarlo.

Javier Moral, fundador de Fangaloka, lo ha tenido claro desde el mismo momento en que su vida no estaba llena de las cosas que le hacían sonreír cada mañana y, por eso, su testimonio, cargado de fuerza, ha de servir para ayudarnos a salir de nuestra zona de confort.

Como apunta Moral, “no esperes nunca el momento perfecto porque no existe” y, precisamente por eso, los cambios que hagas deben estar motivados por algo más que el dinero y, sobre todo, no tener miedo al fracaso ni al “te lo dije”.

Este contenido ha sido desarrollado por UE Studio, firma creativa de branded content y marketing de contenidos de Unidad Editorial, para Banco Santander.
Noticia extraída del ElMundo.es

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